Maletillas

>> jueves, 2 de abril de 2009

De todos vosotros es conocida mi afición a la "tauromagia", también os digo que no quiero que este blog, sea un espacio taurino, pero esta noticia me ha llegado al corazón. Que tiempos aquellos donde no existían las escuelas taurinas y la única posibilidad de entreno era bajo la atenta mirada de una luna llena. Tiempos en que la luna conocía a las futuras promesas y que no se "producían" toreros en serie. Tiempos donde los niños soñaban con comprar un piso a la madre en la capital, donde soñaban no pasar mas hambre. La "puta" crisis nos trae cosas añoradas como esta y cosas no tan añoradas.

6 comentarios:

IBE 2 de abril de 2009, 22:27  

Qué bonita foto del "toro enamorado de la luna" y es verdad, como se ha mercantilizado todo: los toros, el fútbol, las artes...
Un asco, el dinero que todo lo corrompe y quién dice el dinero dice los ojeadores, intermediarios, etc. que se aprovechan del desconocimiento y buena fe de la gente.
A ver cuando entra uno de esos a la blogosfera y nos hace ricos a los más valientes, ja,ja.

Un saludo.

G-20 3 de abril de 2009, 2:17  

Qué razón llevas Iván!!! ahora los apoderados tienen todo el poder (valga la redundancia) y no es por "empoderamiento" (que dirían algunas).Los apoderados promocionan y fabrican "toreros en serie" que nada tienen que ver con pisar el albero a la luz de la luna, lo suyo son los brindis al sol, y aunque les guste llevar el traje de luces valdrían lo mismo de cabestros que siguen al líder de la manada para lo cuál no les importa cornear al compañero si no entra en chiqueros.
Dejemos que esos apoderados nos acusen de hacer "toreo de salón" entre otras cosas porque a nosotros no nos gusta apuntillar a nadie, no nos gusta llevar a nadie al desolladero, y a la larga o en breve (como mucho en 2011)la faena acabará con una monumental pitada del respetable, las almohadillas volando por tercera vez, y los clarines pidiendo un cambio de tercio y que les corten las orejas.
Se echan en falta los pañuelos de la afición celebrando una buena corrida al ver arrastrado por las mulas al miura de Igea.

alegrias 3 de abril de 2009, 11:01  

¡Qué lorquiano!
La verdad es que algo tan tradicional como los toros (yo también soy aficcionada desde chiquitina que mi abuelo me llevaba a la plaza de toros de Santander) se han vuelto tan irreverentes con el dinero, si bien es un arte lo han prostituido.
¡¡Mira que darle a Fran Rivera la Medalla de las Bellas Artes!! Teniendo a José Tomás en cartel, me parece bochornoso.
La casualidad la pintan verde, la última vez que fui a una corrida de toros y que juré no volver a poner un duro para enriquecer a los empresarios, fue en una corrido de Joselito, Fran Rivera y José Tomás. Fue la leche, se les cayeron las pezuñas a tres toros, otro a poco se desnuca y se quedó para arrastre... Se quedaron sin sobreros.. y el único que se arrimó al toro fue Tomás.
Al grito y entre almohadillas se fueron los otros dos diestros; después de aquella Joselito anunció su retirada. Yo me harté de gritar, qué vergüenza,, si Paquirri levantara la cabeza..
En fin, y G20, ¡qué jornada será esa en la que tu grito se haga realidad! Espero que sea para la fecha que dices...

IBE 3 de abril de 2009, 11:03  

Por favor, no desprestigiemos a la ganadería de Miura, el igeano no llega ni a "vaquilla mil leches" (creo que se llaman así, los animales sin raza conocida, ni pedigrí, no?).

Por lo demás, bien hilado el tema por G-20 y me ha encantado la alusión a nuestros términos "igualitarios".

Un saludo.

G-20 3 de abril de 2009, 13:18  

Pido disculpas por mi alusión al miura, ya veis que lo pongo en minúscula,efectivamente no llega ni a mil leches. Será que el de Igea me ha parecido un miura (en minúsculas)al lado del diestro de Herce, que por dos veces a pinchado en hueso y quiere volver a intentarlo una tercera entre abucheos de la afición y con el descabello(para irritación del "tendío" riojano).El maestro Francisco lo mismito que el Rivera,medallas se cuelgan muchas,pero se echa en falta un José Tomás que a hombros de todos abra por fin la puerta grande del Palacete de Vara de Rey.
¿Cuantas veces quiere el maestro Francisco que revivamos estos versos lorquianos:?

"A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!"
Llanto por...

José María (Chema) Buzarra Cano 3 de abril de 2009, 22:01  

No se que decir. Por un lado comparto la opnión de Iván y por otro, cuidado con un morlaco que sabe lo que es el trapo. No se a que carta quedarme.

Confieso que lo de la tauromaquia me atrae, aunque la sangre últimamente me disgusta. Es más, recuerdo cuando era un niño de unos siete años de niño, en la Juguetería de Gonlez, la del Muro del Carmen, siempre había unos trajes colgados en el escaparate de indio, de romano...y uno blanco y oro con el cual uno podía emular a un lidiador,(esto es mucho decir)y que más de una noche soñé con llevarlo puesto. Del cañón y del tren a cuerda no pasé. Pienso que estoy algo frustrado por una atracción no disfrutada plenamente.

Ciaoooo

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